Al Topo Encinar se le notan los 11 años en Buenos Aires sólo cuando canta canciones como "En medio del ruido", que se refieren al bullicio de la gran ciudad. Porque cuando habla sigue siendo el taficeño de siempre. Y cuando actúa habla mucho, aunque tarda en arrancar.
Después del "hola papirri" con el que un viejo amigo lo saludó desde la repleta sala del Caviglia, el Topo y su grupo empezaron a tocar las canciones del nuevo disco: "Así sea". Para eso regresó a Tucumán tan bien acompañado.
Él no pronunció palabras, se refugió detrás de sus ojos cerrados y del pelo que se le escapa de la sujeción de las orejas. Él suele decir que es tímido, y por un rato parece tener razón. Con el cuarto tema, después de unos batidos de bossa nova, llega "Otro paso", que trata sobre su Tafí Viejo natal, como una ciudad sumida en la tristeza tras la partida del último tren y el cierre de sus talleres.
El Topo se suelta y acompaña esas melodías trasnochadas que buscan una salida hasta hacerse canciones, como dice uno de sus temas, con comentarios de profunda raíz tucumana, sin dejar de lado los modismos correspondientes. Risas cómplices suben desde la platea, en un idea y vuelta permanente entre el cantautor y el público. Le quita solemnidad a la profundidad de sus letras, pero sin llegar a frivolizar la situación.
El grupo que lo acompaña, integrado por Sebastián Calá (bajo), Matías Vardé (vientos), Matías Furió (percusión) y Federico Nicolao (guitarra), lo acompaña en esa búsqueda que parte del folclore y rompe moldes en el camino. Buenos músicos, con experiencia y ductilidad, pero aparentemente su principal virtud es la buena onda.
Los invitados del disco no estuvieron en la presentación, pero sí artistas tucumanos amigos. Pablo Dumit recitó su poema "Juntaba luz", que el Topo musicalizó y tiene la voz de Teresa Parodi en el registro. Luis Gómez Salas lo reemplazó en el teclado y sumó su voz para cantar "Deja", que le pertenece. Manuel Sija le dio al violín hasta cortar una cuerda y la cerda del arco cuando el ritmo de la banda parecía no tener freno.
Entre bromas y comentarios, canciones melancólicas (o "bajón", según el Topo), otras alegres y algún rock, bases jazzísticas y otras yerbas, pasaron más de dos horas de música. "Un éxito, todo buena onda", como se despidió el Topo.